Hoy, la IA empieza a optimizar desde la contratación y la planificación de turnos hasta la formación y el acompañamiento del rendimiento. Aplicada de forma responsable, la IA puede ayudar a romper ciclos históricos de ineficiencia e inestabilidad — desafíos que se han vuelto aún más urgentes en un entorno empresarial cada vez más impredecible.
Gran parte del debate global sobre la IA y el futuro del trabajo sigue centrado en los empleos de oficina. Desde softwares de RRHH y plataformas de productividad hasta agentes de programación, la IA está cambiando rápidamente la forma en que trabajan los profesionales. Sin embargo, este enfoque pasa por alto a la gran parte de la fuerza laboral mundial: casi el 80% de los trabajadores — alrededor de 2.700 millones de personas — cuyos empleos no se realizan detrás de un escritorio.
En almacenes, centros logísticos, fabricas y obras de construcción, la IA ya está empezando a transformar procesos de forma silenciosa pero igualmente significativa. Estos sectores operativos, históricamente rezagados en la modernización digital, empiezan ahora a experimentar cambios profundos en la manera en que funcionan los lugares de trabajo. La IA está redefiniendo cómo se contrata, forma, apoya y empodera a los trabajadores.
La primera gran evolución del trabajo operativo
A diferencia de los entornos de oficina, que se han beneficiado durante décadas de herramientas digitales — desde hojas de cálculo y software colaborativo hasta asistentes generativos — la estructura fundamental del trabajo esencial ha permanecido prácticamente intacta. Los procesos de contratación siguen tardando semanas. Los horarios suelen ser inestables. La orientación sobre rendimiento es irregular o inexistente. Y la progresión profesional puede parecer inalcanzable para muchos trabajadores operativos.
Aunque la pandemia puso de relieve lo críticos que son estos puestos para mantener las economías en marcha, hizo poco por resolver los problemas estructurales de fondo. Muchas empresas siguen dependiendo de sistemas obsoletos: planificación de turnos en papel, seguimiento manual del tiempo y una comunicación fragmentada basada en llamadas o mensajes ocasionales. Estos procesos lentos e ineficientes limitan la eficacia operativa y dificultan el crecimiento sostenible.
El informe World Employment and Social Outlook Report 2024 de la Organización Internacional del Trabajo destaca la persistencia de la escasez de mano de obra en sectores esenciales como la construcción, el comercio minorista, el transporte y la industria. Estas carencias no se deben únicamente a tendencias demográficas, sino también a malas condiciones laborales. Al mismo tiempo, estos sectores se enfrentan a una demanda altamente volátil y a fuertes picos estacionales, lo que hace que la flexibilidad de la plantilla sea más importante que nunca.
Para los trabajadores, esta volatilidad suele traducirse en horarios impredecibles, ingresos inestables y una alta rotación. Para las empresas, supone una presión constante por cubrir turnos manteniendo la calidad y controlando los costes. Esta dinámica genera estrés e ineficiencia en ambos lados. La IA representa ahora una oportunidad para romper ese ciclo. Utilizada de forma ética, puede ampliar el acceso al empleo, crear horarios más justos y fiables, acelerar el aprendizaje en el puesto de trabajo y mejorar la productividad en una era marcada por la disrupción constante.
Está surgiendo una nueva ola de soluciones impulsadas por IA — incluidos sistemas inteligentes de planificación, analítica predictiva y agentes conversacionales — diseñadas específicamente para entornos operativos. En conjunto, representan una nueva capa de “IA para los equipos operativos”: tecnologías que combinan análisis de datos a gran escala con apoyo personalizado y en tiempo real.
Estas herramientas van más allá de la automatización básica. Coordinan flujos de trabajo, conectan sistemas fragmentados y ofrecen a trabajadores y responsables mayor transparencia, capacidad de respuesta y control.
Pilares clave de la IA para operaciones en primera línea
Contratación y evaluación: los reclutadores IA pueden entrevistar y evaluar candidatos las 24 horas del día y en múltiples idiomas, reduciendo el tiempo de contratación de semanas a días y mejorando el encaje y la retención.
Planificación y previsión de demanda: los algoritmos pueden anticipar las necesidades de personal y asignar turnos automáticamente. Al equilibrar requisitos operativos con criterios de equidad, estos sistemas ayudan a estabilizar la asistencia y ofrecen horarios más previsibles.
Rendimiento y feedback: la IA puede convertir datos operativos dispersos en información accionable sobre productividad, compromiso y asistencia. Las herramientas integradas de evaluación permiten un feedback más constante y bidireccional entre supervisores y trabajadores.
Formación y desarrollo: los agentes también pueden ofrecer acompañamiento tipo guía, facilitar microaprendizaje y proporcionar soporte multilingüe directamente en el puesto de trabajo.
Seguridad y bienestar: la analítica predictiva puede identificar señales tempranas como fatiga, absentismo o riesgos laborales, integrando recordatorios de seguridad en la rutina diaria y reforzando la resiliencia.
Inteligencia operativa: los sistemas de IA pueden unificar datos de contratación, planificación y rendimiento en plataformas adaptativas que aprenden y optimizan continuamente las operaciones.
Cuando se implementan de forma responsable, estas innovaciones crean entornos laborales más transparentes, responsables y de apoyo. Los trabajadores ganan estabilidad y autonomía, mientras que las empresas se vuelven más ágiles y resilientes ante la incertidumbre económica.
Los riesgos que deben abordarse
Para que la IA aporte verdadero valor en los entornos operativos, es esencial incorporar salvaguardas desde el inicio. La transparencia, la protección de los trabajadores y la supervisión humana son fundamentales.
El Future of Jobs Report 2025 del Foro Económico Mundial identifica la IA como la fuerza empresarial más transformadora de la próxima década — pero también como una tecnología que creará y eliminará millones de empleos. Sin una gobernanza cuidadosa, la IA podría reforzar sesgos, utilizar indebidamente datos sensibles o trasladar riesgos de forma desproporcionada a los trabajadores.
La planificación algorítmica, por ejemplo, puede mejorar la previsibilidad, pero si se diseña mal, también puede imponer restricciones rígidas o resultados injustos. Del mismo modo, las herramientas digitales de aprendizaje solo empoderan a los trabajadores si son accesibles, inclusivas y diseñadas teniendo en cuenta las necesidades reales de la primera línea.
Por eso los marcos claros son imprescindibles. Empresas, responsables públicos y proveedores tecnológicos deben colaborar para garantizar que la adopción de la IA esté guiada por la equidad, la dignidad y la responsabilidad, sin frenar la innovación. Regulaciones emergentes como la Ley de IA de la Unión Europea representan un paso importante hacia estándares compartidos de confianza y despliegue responsable.
La primera línea es donde se decidirá el futuro de la IA
La próxima gran revolución de la IA no quedará confinada a las oficinas. Está desarrollándose en almacenes, centros de distribución, fábricas y cadenas de suministro del comercio minorista.
Entre los 2.700 millones de trabajadores operativos que mantienen la economía global en movimiento, la IA determinará si la tecnología se convierte en un motor de inclusión y resiliencia — o si profundiza la inseguridad y la precariedad.
La pandemia recordó al mundo que estos trabajadores son indispensables. La IA ofrece ahora la oportunidad de construir sistemas que reflejen esa realidad: reduciendo barreras, mejorando la estabilidad y la seguridad, y permitiendo que las empresas crezcan sin trasladar la volatilidad a su plantilla.
El futuro de la IA no solo se definirá a través del código o se experimentará en pantallas. Se vivirá en los lugares de trabajo que impulsan nuestras economías. Con un diseño intencional, puede ser un futuro donde la tecnología fortalezca la resiliencia de las empresas y aporte dignidad a los trabajadores.
Artículo publicado en World Economic Forum.


